La valoración politica de la saga de los Superagentes es algo que está en discusión. Por un lado estàn lo que aseguran que se trata de una simple serie de películas infantiles. Otros encuentran resonancias sumamente turbias. Entre estos últimos aparece Sergio Wolf . Aquí reproducimos su opinión, como para inicar el debate.
La discusión sobre si hubo o no un cine de régimen durante la dictadura nunca llegó a instalarse como debate en el campo de la cultura, más allá de que se reconoce el período como de una producción vigilada con celo por el Instituto de Cine y el Ente de Calificación Cinematográfica, y de la existencia de “listas negras” —y no sólo en cine— que establecían las exclusiones.
Quienes sí reflexionaron sobre este problema bajo el nazismo —historiadores como Eric Renstchler, Wolf Dönner y Linda Schulte-Sasse—, consideran que para hablar de un cine de régimen no es necesario que todos los films del período se sustenten en una propaganda política dura y ostensible, sino que basta con que una porción del total esté en esa dirección. Algo similar puede decirse del cine que se produjo durante la dictadura argentina.
Si bien la idea de dos bandos en pugna comienza a aparecer dos años antes del golpe militar, en el cine de la dictadura se multiplica la compulsión a narrar historias sobre facciones enfrentadas, donde el objetivo se cifra en exterminar toda diferencia, o bien de convencer a los más reacios.
Un significativo número de películas propone el sistema de bandos que buscan exterminar al “otro”. Estos grupos a veces aparecen como identificables con fuerzas específicas, como se ve en la representación de la Fuerza Aérea en la citada Dos locos en el aire, o de la Policía Federal en Los drogadictos, de Enrique Carreras (…)
También fue habitual el enmascaramiento de ese sistema de bandos, dado que a veces predominaba la vaguedad referencial cuando, en rigor, se trataba de grupos de tareas con la misión de pacificar un país. Es el caso de La aventura explosiva, de Orestes Trucco, o Los superagentes biónicos, que filmó Mario Sabato bajo el seudónimo de Adrián Quiroga.
En Clarín, El cine bajo estado de sitio
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